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sábado, 6 de enero de 2024

¡¡A SEGUIRLE A SEGUIRLE¡¡










UNOS RELATOS PARA TAMBIÉN IMAGINAR Y CALENTARSE... Y NO DEJE DE DISFRUTAR SU CUERPO QUE ES MÁS SANO A ANDAR CON TENSIONES QUE SOLO CONTRIBUYEN A FOMENTAR AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA. POR LA PAZ MÁS ORGASMOS.


RELATO ERÓTICO PARA PERSONAS DE CRITERIO BIEN FORMADO. NO RECOMENDABLE PARA PERSONAS HIPÓCRITAS, CARDIÁCAS E INHIBIDAS.
Autor: Su amigo y servidor Alex Cruz, por supuesto.

Se miraban fijamente, desconocidos, uno frente al otro, en el metro, a esa hora en la que lo tomaban los últimos habitantes de la noche. Ella regresaba de visitar a su amiga que había dado a luz con sus apenas 18 años. ¡Quién iba a creer que la más santucha de todas iba a quedarse embarazada!, pensó, y es que otra vez se cumplía la ley de la gravedad: “Por caliente e ignorante, te cae un embarazo no deseado”. En cambio ella, la más cachonda, era la más segura porque, sencillamente, podía disfrutar de su cuerpo con más confianza dada su educación en materia sexual ya era de las que le gustaba leer y enterarse del mundo y de la vida, de modo que ubicaba muy bien hasta dónde los prejuicios, los tabús y tanta falsedad alrededor del cuerpo, el placer y una sociedad que se fundaba en la desigualdad, donde unos pocos se beneficiaban a costa de la mayoría, y donde, para conservar sus privilegios, habían desarrollado todo un sistema de control material y espiritual y montar una verdad, su verdad interesada, de que así es la vida, lo normal, y que “si el pecado”, que “si la moral” –en realidad moralina-, y demás seudo verdades. En definitiva, de cómo una sociedad basada en la hipocresía y la ignorancia de la inmensa mayoría, había tomado nuestros cuerpos y los controlaba a través de sistemas de culpa, remordimientos y etcs. para solo hacerlos funcionales a ser máquinas, fuerza de trabajo, y falacias tales como las de que el sexo solo es para procrear, es decir, simple fábrica de nuevas manos de obra para beneficio de los pocos. Pero ella ya no se comía el cuento y no solo que disfrutaba más libre de su cuerpo, como dueña de su cuerpo, sino que, además, sabía muy bien cuando sí y cuando no, es decir era dueña de si misma, y eso le daba, repito, confianza y seguridad.
 
Igual ocurría con toda esa trampa de control sobre la figura de la mujer, de que -en este sistema social de control-, las mujeres deben seguir y procurarse según el modelo arquetípico de mujer modelo de televisión, sin importar que, para ser justamente modelo de televisión, no necesitas ser inteligente y educada, sino más bien boba, superficial e ignorante y con escasa dignidad, porque aceptas ser objeto, cosa para satisfacer el gusto del mercado de imágenes, para las modas, que es decir para el comercio de ropa, etc. Dinero en definitiva. Así que ella -Laura, por cierto-, no solo sabía ubicar los placeres del cuerpo, sino también los de leer un buen libro, escuchar buena música y demás. Era, para decirlo en pocas palabras, como quien sabe disfrutar de una buena comida, vale decir, no solo el de atascarse con cualquier cosa, como con comida chatarra, sino el de saber preparar y degustar de platillos bien elaborados, con esa destreza que los pueblos han sabido crear y desarrollar a través de los siglos. Hacer un buen mole significa, por ejemplo, secretos, maneras y gustos que hay que saber cultivar. Por eso ella sabía sacar provecho y disfrutar de la vida sin remordimientos y culpas. Era libre y responsable de esa libertad.
Esa seguridad y confianza desarmaban a quien la miraba desde el otro lado del asiento del vagón del metro pero que, al mismo tiempo, no podía dejar de mirarla y que solo cesó cuando, como en una feliz coincidencia, en la siguiente estación, ingresaron sus viejos amigos de la prepa. Eran Juancho y María Elena que ¡Oh casualidad de la vida o de este relato!, resultaban conocer también a Laura.
Bajo la desconcertante sorpresa de descubrir que quienes se miraban bajo el misterio del ser desconocido, tenían amistades comunes, agregaron a sus miradas, unas sonrisas a esas alturas ya cómplices.
Se veía que sus amigos, Juancho y María Elena, andaban prendidos, no solo porque olían a vino, sino por las chispas que descargaban de vez en vez en preguntas como ¡qué sorpresota mano!” -dirigiéndose a él-, ¿No se les antojan unas chelas y unos tacos por ahí?, ¡la noche es joven!.
No era mala idea, pensó él, y, en feliz coincidencia mental, también lo pensó ella, y esa coincidencia se reveló en sus miradas afirmativas del uno frente al otro. -¿Vamos?, preguntó María Elena a Laura, y esta hizo la típica pregunta de rigor: -¿A dónde pues?. -Pues, estamos cerca de la taquería “Las Delicias”, insinúo Alex, que así se llamaba. ¿Y las chelas?, preguntó Juancho. -Ahí empezamos ¿no?. respondió Alex.
 
Todos asintieron y se bajaron como banda encarrerada en travesuras comunes. Ya en la calle Juancho y Elena se pusieron delante, como dando espacio a caminar en parejas, de modo que Laura y Alex, que aún ni se conocían, tuvieron que caminar juntos procurando no bajar el entusiasmo colectivo. Fue entonces cuando Laura se iluminó, y como tal iniciaba un juego que susurró al oído de Alex: -Hagamos que nos conocemos ¿va?. Alex le respondió con una sonrisota de oreja a oreja y asintió ligeramente con su dedo el travieso juego de Laura.
Al salir completamente satisfechos de la taquería parecían todos entenderse muy bien.
Ellas se sentaron frente a ellos. Las sonrisas prendidas de todos anunciaban una noche especial. Alex y Laura en un coqueteo que poco faltaba como para adivinar las intenciones obscenas que maduraban en sus mentes, sobre todo porque Laura al quitarse su chamarra para estar más cómoda, dejaba al descubierto un fascinante escote donde se dejaban ver un par de melones deliciosos. Alex no disimulaba mirarlos y eso parecía fascinarle a Laura.
-¿Y ahora qué?, exclamó Alex abriendo el tema.
-Pues, nos conviene ir a algún lugar no tan lejano para que no se nos baje, respondió Juancho; entonces María Elena, con el ardor festivo y una provocativa voz sensual propuso a Laura ir a su departamento porque les quedaba cerca. A Laura le resultaba de maravilla porque entonces iba a estar en territorio propio, en sus dominios, y, sin mostrar mayor interés, aceptó, y acelerando el paso los condujo a todos a su departamento. Ya en él las cosas cobraron un giro que es el motivo principal de este relato.
-¡Pónganse cómodos!, dijo Laura, -voy por vasos y vino.
-¿Vino?, dijo Alex.
Sí, es que no soy chelera, exclamó alegre Laura. Y pues tengo vino y el que le quiera entrar, pues ¡salud!.
Mientras Laura iba a la cocina, María Elena había agarrado el control remoto de la Tele y lo encendió, automáticamente, y ya a punto de que Laura regresara con los vasos, escuchó carcajadas de sus amigos seguidas de ¡pinche Laura, jajajaja, pervertida….jajaja… miren nomás lo que ha sabido ver!.
En principio Laura se inquietó y recordó que al salir de su departamento en la tarde había apagado la tele sin quitar el video porno que un amigo de Facebook le había enviado. Se ruborizó a solas, pero se repuso inmediatamente y bebiendo un trago largo de vino se dijo: ¡Ya qué! ¿Total? Si a eso mismo vamos a llegar, mejor este empujoncito!. Y entró a la sala airosa, como si nada.
-¡Ah, curiosos! ¿Ya ven lo que les pasa por andar de fisgones?, exclamo Laura, despertando más risas y motivos para el albureo más acelerado entre Juancho y Alex.
-Y, bueno, dijo Laura, ese video no está tan bueno, les diré…jajaja. Mira Alex, haz el favor de alcanzarme ése que está encima del aparador, ese si que está digno de verse…jajaja. Y entre sorpresa y risas siguieron festejando las ocurrencias de Laura.
-¡Wow, “Garganta profunda”! ¡Porno para inteligentes!, dijo entre risillas Alex, dejando ver a todos la imagen del estuche del video donde de manera descarnada se veía a Linda Lovelace tragándose prácticamente el sexo endurecido de Harry Reems.
Todos, entonces, se acomodaron para ver “Garganta profunda” como si se tratara de la final de un campeonato mundial de fútbol. Juancho, sentado con desparpajo en el sofá frente al televisor, asentía contento, y como si tuviera licencia del grupo se sobaba provocativamente su bulto. Para eso a Alex ya se le había endurecido hace rato, desde cuando había visto el escote de Laura y, después, cuando se agachó delante de él para recoger un papel. Arrellanado en una butaca, había logrado divisar lo que se le prometía para esa noche: unos muslos bien torneados y la tanga blanca que cubría la cueva de Laura. Ella lo descubrió mirándole de reojo su bulto y sonrió. En tanto María Elena, ya más apaciguada que todos, como queriendo disimular su ligera turbación alcanzó solo a decir: ¡Si que se pasan!, pero ya Juancho se le arrimaba y mimosamente le decía acariciándole las piernas: -Ya, cariño, si te prometí diversión ¿o ya no te acuerdas?. Y ella, soltando una carcajada le respondía: -¡Sí, pero no imaginé de estas!. -¡Y, bueno!, dijo él, -total siempre hay una primera vez y mejor que sea lo que Dios quiera. ¡Salud!
Y salud dijeron todos y con ello la aceptación y consentimiento de que esa noche estaba desplegando, solo para ellos, su vuelo de lujuria.
 
En esas, Alex, que se había acomodado en la butaca del costado, algo nerviosillo, miraba a Laura. Nunca había tenido una experiencia de sexo en grupo, y menos aún, nunca había estado con una chica tan segura de si misma y tan abierta como Laura. Miró, entonces, a su amiga secreta y desconocida y volvieron a mirarse como cuando se miraron en el metro. Volvieron a desconocerse para que este encuentro siga su senda misteriosa entre desconocidos, y lo prohibido.
Después de algunas secuencias de la película, parecía que la realidad reclamaba su lugar, y la película en lugar de encenderlos más, creaba una atmósfera de saturación ficticia, entonces Laura apagando la película “Garganta profunda”, se colocó de pie firme frente a Alex, examinándolo con la mirada de arriba abajo, como midiendo su capacidad y, dándose súbitamente la vuelta, exclamó: ¡Ta bien, ta bien, a lo hecho, pecho, pero propongo algo!.
-¿¿Qué??, respondieron todos al unísono.
-¿Degustamos o nos atragantamos?, lo dijo como si se tratara de una comida.
Y Alex, desconociéndose a si mismo respondió con tal gesto atrevido que después, al recordarlo, ni él mismo lo podía creer; así, sin pensarlo y en medio del asombro de todos, abriendo la cremallera de su pantalón hizo emerger, como un conejo de la chistera de un mago, su tremenda polla durísima.
-¡Esta está para que te atragantes y la degustes!, sentenció procazmente dirigiéndose a Laura.
-¡Qué vergota!, se le escapó involuntariamente a María Elena, despertando unos ligeros celos a Juancho que Laura logró captar y, temiendo que esto podría arruinar la noche, se acercó a Juancho, poniéndose de rodillas frente a él, iniciando así una de las mejores orgías espontáneas que habría de tener en su vida, y con destreza de zorra en estas lides, le sacó también su dura verga, a escasos centímetros de donde se encontraba María Elena, su novia, quien no supo cómo reaccionar, aunque comprendiendo la intención de Laura por apaciguar los celos de su novio; entonces, sintiéndose salvada por su amiga de lo que hubiera podido desencadenarse por su espontánea exclamación al descubrir la verga de Alex, le sonrió e hizo señas a Laura dándole total consentimiento para que morboseara con Juancho y su verga, la de su novio querido. Así, impávida, miró a Laura agarrar esa verga dura y masajearla delante de ella. Laura, mirando siempre a su amiga y bien empuñada tremenda verga dura y venosa, le dijo: ¡Qué afortunada eres, amiga, ahora entiendo porque te enamoraste tan rápido!.
En tanto Alex que, como se ha dicho antes, tenía ya su vergota a la vista de todos, y, entendiendo la oportuna ocurrencia de Laura para salvar la noche, se la jalaba ya en confianza con morbo y ardor, y, para completar hasta tuvo el empacho de bajarse el pantalón y dejar sus huevos colgando levantándolos con la palma de la mano para que los admiraran las dos e invitando con su dedo índice a María Elena a que se acercara.
María Elena, miró entonces a su novio temerosa de que lo fuera a interpretar mal, pero Juancho, que en materia de infidelidades no era un novato, le mandó un mensaje que sería recibido como el mejor de los regalos. -¡Anda, amor, date gusto, es mi regalo y me excita verte con otra verga que no sea la mía!. Dicho y hecho, María Elena se iluminó y se aproximó al centro gravitacional que para ella en ese momento representaba la verga de Alex
-¡Qué rico se siente jalarse la verga delante de ti! ¡Mira, mira María Elena, así de rico me la sobo pensando en tu chochita sabrosa, si mi querido Juancho me lo permite! ¡Uff… mmm!
-Se ve que eres un chaquetero profesional, pinche Alex, le dijo su amigo, y él asintió desvergonzadamente diciendo: -la neta que sí, diario, porque no puedo funcionar sin orgasmo; y me pajeo aunque tenga sexo porque es un modo de placer que tiene lo suyo propio.
- ¡Cierto!, dijeron todos. - ¡Me chocan esas personas que piensan que masturbarse nomás es por falta de pareja! ¡Qué va, si hay que tomarlo como el placer que ofrece, sin cruzar rollos de parejas ni nada, nomás el placer de dárselo. Así nos enseñó el rey ése, Onán, el mayor exponente mundial del onanismo o masturbación….jajaja!, expuso con propiedad y picardía Laura, la intelectual del asunto.
Entonces: -¡Qué viva la masturbación, chaqueta, paja, manuela o como quieran llamarle! Y todos respondieron airosamente, excepto Laura que ya se estaba atragantando la verga de Juancho:
- ¡Viva!
……..
Para entonces Juancho ya estaba gozando, como se ha dicho, las mamadas de Laura que, como es digno de anotarse, era una estupenda mamadora, sin límites. ¿Cuántas vergas se había comido en sus 19 años?. Eran tantas que ya había perdido la cuenta, solo recordaba algunas por lo que disfrutó o por la situación especial que suponía, como cuando se la chupó a su maestro; al mejor amigo de su padre; a su cuñado, y aunque Laura no era de las que le gustaba andar comprometida a esa edad, muchas vergas de amigos con derechos; y hasta la de un cura por puro aburrimiento, en un viaje en autobús que al verlo joven y simpático se le dio por confesarle sus pecados de un modo tal que provocó que se le empinara su verga monacal al pobre curita, quien no tuvo más remedio que rendirse a los encantos de ella, una muchacha tendatora y milagrosa; así que, siendo que lo hacía a una verga de un siervo de Dios, pensó que hasta le absolvería de todos los pecados habidos y por haber. Pero esto es un decir, claro, porque obviamente que Laura era una atea empedernida ya que su única religión era la del orgasmo eterno. 
 
María Elena, en cambio, se hacía cargo de la verga de Alex que, de haberse percatado su novio le habrían entrado tremendos celos. Verga que al solo verla y saberla distinta a la de su novio, a la que estaba acostumbrada a mamar, la mojaba de un modo inusual. Frente a sus ojos, al fin una verga diferente, y esta estaba a todo dar; así, en secreto intimo que a nadie se lo iba a revelar, gozaba de mamársela a Alex, de un modo tan ansiosamente morboso que jamás conocería su novio. No es que no le gustase la de Juancho, de hecho le encantaba, pero esta era para ella una oportunidad secreta de infidelidad que la excitaba. Sabía que tenía que evitar que su novio se percatara del modo tan cabrón como se la chupaba, pero eso no le costaba trabajo, y ahora con esta oportunidad de ser infiel, a los ojos de su novio, mamando la verga dura y gruesa de Alex, gozaba enviándole mensajes a este de lo rico que eso le causaba. Como si la verga ajena a la de su novio fuese algo sagrado, la tomaba en sus manos, se acariciaba su cara con ella, la olía, la lamía, le daba mordiditas al glande, y hasta se sobaba las orejas, el cuello, como queriendo impregnarse para siempre de ella. “Amo a Juancho, pero esta verga me enloquece y la adoro”, se decía para sus adentros, y como una mujer poseída por ella se la tragaba entera y con ella dentro se daba modos para mover la lengua de manera que Alex se extasiaba tanto que hasta tuvo temor de que pudiera acabar demasiado temprano.
Este espectáculo pornoerótico no paraba ahí, ya que Alex lo incrementaba disfrutando decir a su amigo cosas que jamás habrían sido toleradas por hombre alguno. Frases como: - ¡Oye Juancho, qué rica tu noviecita ¿eh?, que rico mama…ahhh… y tu egoísta que no me la has compartido como buen cuate!; ante lo cual, Juancho, envalentonado por el ambiente y asombrando a María Elena, respondía: - ¿Esta rica verdad?, pues, aprovéchala porque ni te creas que después voy a permitirlo. Solo por esta vez como experiencia que sé nos va a juntar más a nosotros dos, porque en un mes nos casamos.
Ante semejante cursilería Laura, que seguía la plática de los dueños de las vergas mientras mamaba una, lo comprendía todo, y sin poder contenerse exclamó con aire de reclamo, poniendo las cosas en su lugar y quitándose la verga de Juancho de su boca: - ¡Ay, pinche Juancho, qué cursilerías dices!, y dirigiéndose a todos los presentes, propuso:- ¡Mejor celebremos un contrato desde ya por el cual, los futuros padres aquí presentes, se comprometan a que si les sale una hembra, que sea Alex quien la desvirgue, y si sale varón que sea yo, y que este contrato se cierre, en ceremonia solemne, cuando Alex se la esté cogiendo a la futura esposa de Juancho, o mejor dicho a la futura madre de los futuros desvirgados, y como testiga sea yo quien rubrique el contrato con la verga del futuro esposo o padre de sus futuros hijos, penetrándome por el chiquito, porque me encanta por ahí y para darle mayor realce a este contrato erótico.
Al escuchar esto María Elena, en lugar de molestarse, le envió un mensaje por medio de su boca a la verga de Alex, acelerando ardientemente su mamada, como queriéndole decir: - ¡Uf..que rica idea de Laura!
(PAUSA PARA QUE, A QUIENES LES HAYA PRENDIDO ESTA PARTE DEL RELATO, HAGAN DE LAS SUYAS Y SE SOBEN, SEGÚN, PARA CONTINUAR LA LECTURA CON MAYOR DEDICACIÓN Y DISFRUTE Y PORQUE YO MISMO, ALEX, EL AUTOR DE ESTE RELATO, LO REQUIERE PARA NO BAJAR LA INSPIRACIÓN….mmm… ricooo)
MUY TIERNA....RICOOOO


(continuación…)

En resumen, la escena en la sala del departamento de Laura era más acorde al morbo imaginativo de dos encuentros deliciosos e inteligentes en Facebook: Dos vergas de dos tipos sentados y dos chicas vestidas con faldas holgadas, de rodillas frente a cada uno de ellos succionando dichas vergas al ritmo acompasado del placer. Visto desde el mueble del televisor, en primer plano, se aprecian dos culos de Laura y María Elena, con sus nalgas redondas y bien formadas, sus piernas entre abiertas y la traviesa de Laura echando mano a su propia panocha y haciendo gestos y balbuceos a su amiga para que hiciera lo mismo, ya que no se lo podía decir de otra manera puesto que su boca y sus manos estaban ocupadas.
Nótese que desde esta otra perspectiva ha habido un ligero desplazamiento, porque si los dos deliciosos culitos de nuestras amigas se ven juntos, como se ha dicho, es porque ya Alex se ha cambiado de lugar y está sentado junto a Juancho en el mismo sofá.
- ¿Qué tal la verga de Alex?, preguntó Laura a su amiga, sacándose por un momento ese bocadote de su boca y haciéndole señas discretas en sus nalgas para que entendiera el mensaje (se trataba de calmar los celos de su novio porque objetivamente la verga de Alex era mucho más grande que la de Juancho, aunque esto, en realidad, a ninguna de las dos las tenía preocupadas ya que tampoco es que la de Juancho estuviera para menores ligas, pero en el machismo, salen estas inseguridades de creer que el tamaño importa).
- ¡Está rica, pero no hay como la de mi amorcito!, mintió María Elena, cambiándose de lugar y, por tanto, de verga.
EN LA IMAGINACIÓN, DOBLE ¿POR QUÉ NO?

Al meterse el tronco duro de Juancho a su boca, sintió en sus labios y su lengua la humedad de la saliva de Laura impregnada en el palo de su novio (inevitable, por el acto puro de chupar), sobre todo en la cabeza o glande con el prepucio retraído, para hablar con propiedad, de la verga de Juancho. ¿Cuántas veces se la había chupado? No era posible saberlo, pero esta vez parecía única de modo que la verga de su novio le parecía más deliciosa por los condimentos morbosos que la situación en grupo ponía.
De color rosáceo, dicha cabeza de la verga de Juancho parecía un manjar nuevo al gusto de su novia, entonces, con inmenso cariño le dio unos besitos en su glande, y ligeras lamiditas cortas, como acariciándolo con su lengua. Así mismo, miró a Laura que, como ella, tenía taponada la boca con tremenda verga, y haciéndole un guiño cómplice, le apantalló ser la mejor mamadora del universo, echándole ganas a su destreza mamadora, mientras con sus dedos apretaba en la base de la verga, presionando sobre todo la vena palpitante por donde correría más tarde, a velocidades de la luz, el semen de su querido novio.
En tanto a Laura se le escapaba, como si declamara un poema de amor, unos: -¡Qué ricos huevos tienes Alex!, y pasando su lengua desde debajo de ellos, como niña golosa, los lamía y relamía dejándolos humedeciéndolos con su saliva, lo cual motivaba a María Elena, a imitarla, como si se tratara de una competencia, solo que agregando lo suyo, es decir, metiéndose delicadamente en su boca un testículo y jalándolo suavemente, con toda la ternura del mundo.
-¡Amo tu verga, papito!, le decía con cariño y morbo, y Juancho nomás retribuía acariciándole su cabeza -¡síii, síii, mi vida, es tu verga, gózala!
Se podía decir que estas amigas chupadoras de vergas eran, literalmente, unas babosas, pero no por tontas, sino por todo lo contrario y porque escurrían entre la comisura de sus labios los líquidos propios de este ejercicio de tener una verga jugosa en sus bocas que las hacía salivar. Por eso babeaban, y estaban recontentas las condenadas, bien agarradas de sus respectivas vergas y ya en trance de descarrilarse a juegos más morbosos.
¿Y Juancho y Alex?. Pues, estos obviamente que disfrutaban no solo del sexo oral que estas amigas mamadoras les prodigaban a placer, sino que, en secreto, manoseaban sus panochas, pero no la de su pareja que chupaba su verga, sino la de la otra. Estas, de tan contentas que se encontraban mamando y atragantándose de verga, ni cuentan que se daban. No se percataban de que los dos untaban sus dedos con los líquidos de la panocha contraria, pero se los metían a la boca de su pareja mamadora, y esto, dándose modo para untarles en sus labios, con sus dedos, su lengua para que saboreen los líquidos de la otra. -o, de vez en vez, en ligeras pausas que ellas se daban para tomar aire y sacarse las pollas duras de la boca.
-¡Qué ricas vergas. Qué suertudas somos!. Se decían, y como desesperadas aceleraban las mamadas y rascaban los huevos respectivos y hasta se tocaban a si mismas sus tetas y sus pezones ya super duros.
Y, bueno, como es la costumbre, cuando la lascivia de la boca de una chica a endurecido lo suficiente una buena verga, viene el trabajo de reciprocidad de los dueños de las vergas, es decir, la hora de darse gusto lamiendo panochas, así que, sin más ni más, y como llamados por el mismo impulso, se intercambiaron de lugares y, sentándose en el sofá, Laura y María Elena, obligaron a Juancho y Alex a ponerse de rodillas frente a ellas, en medio de sus piernas, como orando al mayor de los templos sagrados; así, abriéndose de par en par sus piernas, hasta incluso encimar la de María Elena en la de Laura, dejaron ver sus espléndidas panochas, jugosas, calientes y palpitantes, de modo que no fue difícil llegar a ellas con la ansiedad de unas lenguas de hombres de verga en ristre.
(EN ESTA PARTE, OTRA PAUSA. ¡ANDE, TÓQUESE, DISFRUTE DE ESTE RELATO EN CALIENTE, SEA QUE TENGA PANOCHA O PENE, SEGÚN. DESE GUSTO!)
LA PELVIS CHOCANDO CON LAS NALGAS
RICOOOOO...

Continuamos…
La ventaja de lamer una panocha caliente es que se puede a la vez dedearla metiéndo los dedos dentro, sobarlas internamente como tratando de alcanzar el punto G, y alternando en lenguetazos vibrantes y voluptuosos por esa pepita sabrosa llamada clítoris que, al solo nombrarlo, es causa de los mayores placeres. Cierto que para todo esto se requiere del necesario morbo erótiko de otro tipo, porque sin él no hay el gusto de lo prohibido, de alterar ese orden hipócrita por el que se condena el solo hecho de sentir deseo. Usted, amable lectora o lector, no haga caso a esa moralina castrante y siga leyendo que es como seguir con las lamidas de Juancho y Alex que no solo lengüeteaban, sino que succionaban el clítoris, y lo agarraban delicadamente con los labios dándole ligeras estiradas para volver a lamerlos lasciva y eléctricamente.
Laura y María Elena se morían de placer. Los gemidos que soltaban daban una musicalidad porno al ambiente y mantenían a las vergas duras, listas para lo que viniera. Laura, la más preparada, no se detenía en expresiones de todo tipo, y era de ver un: - ¡Rico, cabrón, qué rico lames, no te detengas, así, así!, que excitaba a todos; y María Elena, un tanto inhibida en palabras solo asentía con ligeros: -¡ Sí, sí, así…ahhh!, pero, a diferencia de ella, parecía que a Laura lo de “oral” significaba integral, total, o sea, sexo oral que incluía palabrotas y todo lo que saliera sin inhibición de su boca: ¡Qué buenas lenguas cabrones, qué rico morbo. Dedéame el culito, cabrón, usa tu imaginación obscena, rico…ricooooo… no pares!
A todo esto, el que más atención ponía ahora a Laura era Juancho que, mientras lamía la chocha de su novia, bien mandado, extendía sus brazos hacia el culo de Laura empezando a dedeárselo. Se daba gusto, sin perder ritmo y atención a la panocha de su novia que tampoco se daba cuenta de semejante espectáculo mórbido xxx, el de que mientras lamía su chocha, su novio dedeaba el culo de Laura. Alex en cambio, para no quedarse atrás, lo imitó y untando con sus dedos de las humedades de Laura embadurnaba el umbral del culito de María Elena que se retorcía de placer.
¡Que ricas panochas y culos nos vamos a coger, mano!, exclamó Juancho, ya en total desinhibición y desvanecidos sus celos, a lo que Alex asintió aventurando lo que sería después una realidad: -¡Sí, por supuesto, pero obvio que también les daremos doble verga, si se portan bien!.
Este presagio obsceno generó una vibra mucho más cachonda, morbosa, sabrosa, y el destino próximo de que entre cuatro cuerpos juntos no solo iban a conocer lo que es una verdadera orgía, sino, además, los orgasmos más intensos en cada uno de ellos, guerreros del placer.
DELICIOSO...DEDEAR UNA PANOCHITA Y SENTIR SU HUMEDAD CALIENTE

¿Qué viene, qué viene?, dijo como desesperada María Elena queriendo con eso pedir que no vaya a disminuir la intensidad de semejantes placeres. Y no faltaba la respuesta de Laura, la única, la promotora de semejante orgia: ¡No te preocupes que si estos no nos culean como Dios manda, los obligaremos o llamaré a unos amiguitos que tengo bien cargados y dispuestos!
Así siguieron por un tiempo que en asuntos de sexo es muy diferente, y estando en lo mejor sintieron un ruidito en la pieza de junto. Todos se sobresaltaron, menos Laura que, mirando hacia la puerta de la habitación donde provenía el ruido los tranquilizó en voz baja: -Tranquilos, solo es mi primito que siempre se le da por esconderse para espiarme. Yo le dejo que lo haga, me da placer saberme espiada y ser causa de no sé cuántas masturbadas de adolecente primerizo.
_¿Y cuántos años tiene, pues, preguntó María Elena.
-!Uy, pues apenas 14, pero ya sé que se pajea desde los 13!. ¡Eso sí, nomás espero que le crezca su verguita y va a ver lo que le espera!
-¡Ay condenada, vas a pervertir a tu primo chiquito…jejeje…pero espero cuando esté listo nos cuentes cómo fue!.
- ¡No te preocupes, no solo eso, sino que, si tu novio lo permite, haré que te lo cojas y lo disfrutes también! ¿Vale Juancho?.
Y Juancho, a esas alturas ya le valía madres todo, así que no solo dijo que sí, sino que confesó que le invitaría a su prima con la que se inició en el erotismo cuando era adolecente. Así y todo, seguían en ese raudal de placeres que se procuraban con ahínco obsceno, como transición a lo que vendría luego, cuando se las cogieron de todos los modos imaginarios y que será motivo para otro capítulo si las damitas que leen esto lo solicitan, sino, como entenderán: ¿pa´qué matarse escribiendo si no es del gusto de ellas?. Digo.
….
Todos celebraron la ocurrencia y se afanaron en sus tareas: La verga de Juancho ya en posición de ataque, esperando que Laura se ponga en cuatro, bien abiertas de piernas, para facilitar la penetración, pero aún no por el culito, sino por su panocha. Como perras en celo, ambas se desnudaron quedándose como Adán y Eva en el paraíso. Era de ver esos cuerpos, sus tetas, sus nalgas, sus cinturas, sus muslos, etc. que en conjunto formaban una especie de constelación erótica para viajes especiales de vergas que como cohetes espaciales iban a darse gusto explorando esas tierras ardientes.
-¡Venga esa verga!, exclamó Laura dándose ella misma una nalgada, como para arrear a Juancho a cumplir su tarea de cabalgarla. Igual María Elena, solo que ella prefirió ser la que cabalgaría a Alex, pero colocándose muy cerca de su novio. Pasaba que se le antojaba estar, en esa posición, al alcance de su novio para besarlo, aunque los dos estuviesen enculando con parejas diferentes.
María Elena tenía su morbo, y ¡vaya qué morbo!. Quería darse el gusto de sentir que su futuro esposo tenía penetrada su verga en panocha ajena, y, ella, estar siendo agarrada fuerte por una verga que no sería con la que haría sus hijos. En ese campo de batalla, digno de las mejores contiendas pornográficas, se pusieron a guerrear con tanta voluptuosidad y obscenidad concentrada que a la hora de acercarse María Elena para darle un beso a su novio, no podía acertar su boca con la de él por las sacudidas y levantones que le obligaban la verga poderosa de Alex. Igual le sucedía a Juancho intentando acercar su lengua lasciva a la de su noviecita, así que, como siempre, sería Laura la que encontraría la solución pidiendo un time out pero sin extrae de sus panochas las vergas que ya eran amas y señoras de esos reinos. Así, entonces, pudieron darse el gusto de besarse los novios, futuros esposos y padres de sus hijos que tenían ya asegurado su primera experiencia sexual. María Elena deliraba de placeres. El besar con pasión desenfrenada a su novio sintiendo simultáneamente una verga ajena dentro de ella que la colmaba, le daba una sensación de placer total. Eran besos de auténtico amor y de placer juntos. De extraño placer. Beso que sellaba para siempre que si se trataría de placeres su futuro matrimonio siempre tendría espacio para las experiencias más atrevidas, pero siempre juntos. Así en un beso prolongado como un éxtasis eterno, parecía que iban a eyacular por la boca, y sus lenguas enredadas una de la otra se transmitían todo su futuro morboso. Y no era el típico y patético “hasta que la muerte nos separe”, sino más bien el de un auténtico “hasta que otra verga u otra panocha nos separe” Y en lugar de jurarse fidelidad, se juraron infidelidad compartida. Como en esta ocasión. 
MARÍA ELENA CON ALEX

Algo paralelo sucedía también entre Alex y Laura, que desde los ángulos que sus respectivas posiciones les permitían. Se miraban afanosamente, buscando comunicarse eróticamente, como cuando se descubrieron en el metro. Y Laura le enviaba besitos volados, y Alex respondía. Algo nacía entre ellos desde esa complicidad erótica. Era lo que un psicólogo llamaba: “pornoenamoramiento”.
Mientras esto sucedía en un plano paralelo, los novios seguían queriéndose entregados a los besos más calientes que alguien pueda imaginar, hasta que, de pronto, mientras María Elena pasaba su lengua por la de Juancho, este exhaló un suspiro hondo que colmó de placer a María Elena. Pasaba que mientras se besaban los novios –pero no cogiendo entre si-, Laura sacaba de debajo el sofá una canasta llena de objetos sexuales; condones, dildos, bolitas chinas, aceites, etc., sin por ello dejar de estar profundamente penetrada con la verga de Juancho, y, de entre tantos cachivaches eróticos que ahí guardaba, tomó una pluma azul de algún ave exótica y enseguida, lo pasaba entre los testículos hasta el umbral del ano de Juancho, causándole el suspiro que se manifestó en la boca de María Elena.
-¡Ay jijos, qué buena onda y pervertida eres mi amor, exclamó Juancho a María Elena, causándole a ella extrañeza porque no había hecho nada más que besarle mientras era cogida por Alex!
-¿Qué cosa dices? ¡No te entiendo, papito!, respondió María Elena.
- Pues, ¡Me acabas de acariciar como una ángel por mis huevos y mi culo de manera tan rica…mmm!, confirmó Juancho.
_¿Qué?, dijo sorprendida María Elena, volteando a mirar por detrás a su novio que presionaba su verga dentro de la panocha de Laura inyectado de placer. Esta y Alex, a pesar de estar encarrerados en el mayor de los placeres, estallaron en risotadas interrumpiendo el sexo.
-¡ Mira nomás, le encanta por atrás a tu futuro marido…jajaja!. Pero María Elena libraba a su novio con el mejor de los argumentos:
-¡Qué perra mórbida eres!¿Quién ha dicho que si acaricio el culo a Juancho lo hace marica?.
-¡Para nada!, asintió Laura. –Ya sé que no, nomás lo decía por si acaso… 

Sudorosos los cuatro vibraban al ritmo caliente del placer que les prodigaban sus sexos. El aliento de María Elena que llenaba al de su Juancho, transmitiéndose el gozo cruzado: cogiendo con otros, pero unidos por sus bocas en los besos que bien valdría llamarlos “porno besos” “porno amor”….
En eso, tan entretenidos que estaban que ni cuenta se daban de que el primito adolecente de Laura, se daba una descarada masturbada con su vergita durísima y, él, todo enrojecido, se la jalaba frente al espectáculo que se le ofrecía de esa cuarteta XXX. Y el descaro era tanto que hasta, impulsado por el puro instinto erótico, con la verga bien agarrada en su mano, se atrevió a acercarse donde su prima Laura, frente a su ca que, boca arriba y cerrada los ojos, solo gemía por las embestidas que le prodigaba Juancho. Por eso no vio a su primo que a escasos centímetros de su cara se masajeaba su vera. A esto, Juancho, le pareció excitante lo que el primo de Laura hacía, y ligeramente lo animó a que siguiera, sonriéndole con complicidad. 
A PUNTOOOO....AHHHHH...RICOOOO

Como dije, Laura, no veía nada reconcentrada en la dureza que la penetraba, pero un olor extraño, como de semen fresco, hizo que los abriera y se espantó, cortándole a Juancho su embestida.
- ¡Pero qué haces!. ¡Como se te ocurre!!Escuincle atrevido!
Todos regresaron a ver al primito, y los tres les encantó la escena y exclamaron en coro: -¡Déjalo, tiene derecho!.
- ¡Qué tierno se lo ve. Dijo María Elena!. Y saliéndose de la verga de Alex, se acercó al primito y acariciándole el cabello y con voz dulce lo mimaba y le daba confianza para que siguiera.
-¡Miren, qué vergita más dura la tiene! Les dijo a todos. Y sin preocuparse de su novio, la acarició, le sobó suavemente sus testiculitos y se le antojó chuparse esa golosina. Para ello se puso a gatas dejando sus nalgas al descubierto para quien quisiera entrarle por ahí y darse gusto.
María Elena sentía un extraño placer tener en su boca esa vergita dura. Se la tragaba toda con tanta ansiedad y el primito estaba tan colorado que era un amor. Un cupido. En eso, su novio, al ver que a su lado las nalgas de su novia se ofrecían, le dio un agarrón a ellas, y así le daba consentimiento para la mamada que daba su futura esposa al primito intruso. También Alex le agarró la otra nalga mirando sonreído a su cuate Juancho. Este, entonces, se salió de Laura con ganas de darle verga a su novia por atrás. Apenas puso su cabeza en el umbral de su culo, sintió como en reacción eléctrica retiró su culo su novia y, reclamándole le dijo: -¡Ya te he dicho que por el culo no me gusta! ¿Cuántas veces te lo tengo que decir, pendejo?. A lo que respondió Juancho: -¡Ta bien, ta bien! y se retiró a mirar todo el espectáculo y buscar su cámara para hacer algunas fotos.
Esta reacción de María Elena llamó la atención a Laura que, como se puede adivinar, algo se le habría de ocurrir. Deslizándose hacia Alex le susurró: -¿Te parece que mi primito con su vergita la encule a María Elena?.
Alex casi no pudo contener su risa e inmediatamente también levantándose se acercó a su cuate y le dijo discretamente: -¡Oye!¿No crees que tu noviecita necesita que se lo preparen su culito para que tu lo puedas gozar?.
-¿Qué insinúas? ¿Crees que te la quieres encular?. ¡Eso si no, yo seré, tarde o temprano el que le desvirgue su culo!
-Pero –respondió Alex-, piensa que mejor que aproveches la oportunidad de que la vergita del primo de Laura te la puede preparar.
En eso se acercó Laura y le dijo: -¡Pinche güey!¿qué es eso de la virginidad del culo? ¡No mames güey! . ¡Deja que mi primo le dé por su culo y agradece el favor que te está haciendo!. Y sin esperar su aprobación, le dio instrucciones a Alex para que se colocara debajo de María Elena y le diera verga por la panocha y, así, dejar el culo libre para que la encule su primito.
Así lo hicieron. María Elena al sentirse penetrada otra vez por Alex soltó la vergita que le daba gusto mamándosela y se entregó a las exquisiteces de la verga de Alex. 
AL VAIVEN DE LAS DELICIAS...BUEN RITMO ¿NO?

El primito se quedó, entonces, con su vergita durísima, y confundido. Entonces, sin que se diera cuenta María Elena, haciéndole señas, hizo que se acercara su primo al culo de María Elena.
Para esto, siempre precavida, tenia sus dedos untados de crema y le untaba de ella la verga de su primo. Vale decir que era la primera vez que tocaba la verga de su familiar, y hasta le asaltaron ideas morbosas, pero se concentró en lo que se había propuesto.
Sin que se percatara María Elena y ante la mirada de todos, Laura acercaba a su primo y lo colocaba detrás del culazo de María Elena. Colocó con sus propias manos la vergita dura de su primito, frente al hoyo y, susurrándole le dijo: -Cuando te empuje tu se la metes porque se la metes ¿va?. Y el asintió con su cabeza, como niño obediente.
-¡Ahhhhhhhh!, se escuchó en todo el barrio. María Elena ya penetrada por su culo, no gritaba de dolor, sino de la extraña sensación sorpresiva de un placer que le caía del cielo. El primito, como un animalito la enculaba con vibrante gusto y la afortunada de maría Elena penetrada por dos solo respondía meneándose lascivamente, encantando y contagiando de morbo a todos. Fue entonces que por el único lugar donde cabía una verga en María Elena, Juancho, su novio y futuro esposo, no pudo más y buscando la boca de su novia se la metió y, digamos, literalmente, se la cogía por la boca, moviéndose como si fuera una panocha. Mientras maría Elena tenía encorchadas tres vergas por todos sus hoyos, Laura se dio modos para ponerse a horcajadas, sobre la espalda de María Elena, solo para colocar su panocha a la altura de la boca de su primito pidiéndole se la lamiera. Así el cuadro, como un porno performance, se llenaba de placer, sudores, gemidos en perfecta sintonía hasta que el clímax colectivo se derramó y estalló en orgasmos polifónicos. El cuerpo de María Elena embarrado de semen de tres vergas, y Laura que posaba sus nalgas en la espalda de su amiga y restregándose, esparcía las leches en la espalda de María Elena y todos los machos, incluido el primito, se echaban sobre la alfombra, exhaustos, laxos, y buscando al tanteo alguna bebida para la sed y para reponerse.
Menos el primito de Laura que, aunque había tenido su primer orgasmo fuera de la masturbación, seguía con su vergita dura y con aire de campeona.
FIN.

 

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Adi Shakti

doble gusto